Tras una larga y fatigosa jornada entregado en cuerpo y alma a mis estudios universitarios, llego al seno de mi familiar hogar, colgando mi empapado abrigo en la percha. Realizo los saludos de cortesía y consecutivamente me dirijo hacia mi cuarto de reducidas dimensiones. "¡Mi cálido refugio!"- pienso mientras me encierro y trato de evadirme del estrés que llevo cargado a mis espaldas-; no me considero un ser especialmente asocial, como tanto me recriminan mis congéneres, mas el estrepitoso ritmo diario llevado en una urbe como la de la capital es, sin duda, demoledor para los nervios de cualquier individuo. Cada tarde, cuando me veo en tales circunstancias, busco ansioso un avatar que logre aplacar mi ánimo frenético y poder volver así a comportarme como ese ser racional que en teoría somos.
La música calma a las fieras, o eso dicen; o eso decían. También dependerá de la música a escuchar o del contexto en el que nos encontremos, mas en mi caso sólo las notas sostenidas de un piano conseguirían apaciguar mi exagerada activación tanto fisiológica como emocional. Rebusqué en la estantería donde guardo amontonadas una multitud de carcasas y de estuches con discos musicales de diversa temática. Mi objetivo era concreto y entre el hacinamiento de mi discoteca al fin encontré la carcasa deseada: "Frédréric Chopin", con sus polonesas, vals, nocturnos... ya creía estar escuchando los compases de sus piezas cuando descubro en su interior un disco que no es el suyo: World Classic, Los Grandes de la Música Clásica:"Chaikovski"; ese disco que, días atrás, loco me volví removiendo cielo y tierra por hallarlo y que hoy, una vez olvidado de él, aparecía. "¡Ironías de la vida!- pensé, sarcástico-¿Y ahora qué hago yo?¿Seguir buscando la polonesa perdida hasta la extenuación para al fin encontrarla días después?¿Decididamente olvidarme del asunto dejando a su suerte el azar?"
"¡Ironías de la vida!" Como tanto dice un refrán hay que aceptar las cosas como nos vienen dadas y no como desearíase que vinieran. Tal pensamiento me albergaba mientras que, resignado, colocaba en la disquetera el CD y escuchaba el allegro non troppo e molto maestoso del compositor ruso y sentado procuraba abstraerme del mundo que me rodeaba revisando las últimas novedades de mi correo. Pasamos un tercio de nuestra vida entre ensoñaciones, y de esos dos tercios restantes, consumamos la mitad soñando despiertos, divagando en el simpar limbo que constituyen nuestros deseos y nuestro ideal, tantas veces tan alejado de nuestra vida de la que somos víctima.
Irreversiblemente soñadores. Los enrevesados hilos conformantes de la telaraña que sustenta nuestra vida están hechos por un material muy fino y delicado y la mera anormalidad en la vibración de una gota de rocío puede provocar que uno de ellos se rompa y, con él, toda su estructura.
Finas y enrevesadas, nuestras expectativas son continuamente amenazadas por las huracanadas ráfagas del principio de realidad, que aguarda el momento oportuno para arrasar con aquello cuidadosamente construido. También puede darse el caso de que estas expectativas no hubieran sido adecuadamente entrelazadas en aquel tejemaneje junto con sus hermanas, bien por desconocer cómo adjuntarlo, bien por el convencimiento de que es en verdad así. Fuere como fuere, pese a que "lo que percibimos como real es real a todas sus consecuencias",sólo lo es dentro de la percepción de uno mismo, dando como consecuencia que cada individuo viva una realidad diferente y tantas veces choquemos con, si no la verdadera, la común en todos; teniendo con conformarnos a aceptar- de nuevo- la realidad como nos viene dada, resignados "a escuchar a Chaikovski", cuando lo que de verdad se desea es "escuchar a Chopin".
Ever_20
5-III-10

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