Dejé de hacer caso al acuario y a sus habitantes. "Hasta aquí" pareció decir mi espíritu, y a partir de tal momento, actué como si realmente no existiera. Años después, mis ojos parecieron volver a reparar en él, y vi la trágica luz; el velo cayó de mi rostro. Desde su instauración, sólo uno de los peces aún sobrevive; nada de lo demás se mantiene; ninguno de los demás; con esfuerzo consigo, si acaso, recordar a alguno de ellos, ya sumidos en el profundísimo olvido. Sus muertes ya no suponen nada, como ya no lo suponen que un día estuvieran vivos. Somos todos unos peces que deambulamos en un sucio y ruín acuario, aunque siquiera lo sospechemos, y nuestras vidas como la de aquellos primeros, no supondrán nada, ni un antes ni un después en este infame terrario que constituye el marco y sentido absurdo de nuestra existencia; y seremos aquel pez solitario que observa como sus compañeros va marchando mientra él permanece, por el momento, en el acuario.
Ever20
27-IV-2011
Lo cierto es que aunque tengamos una y mil razones para sonreir,la sonrisa se nos pierde y la infelicidad se instala cómoda.
ResponderEliminarNo sé bien qué será.
Un beso.