Una tras otra, en tanto en cuanto avanzo,
recorro caminos de baldosas
sobre las que he estado pisando durante horas
y horas, cual tonto, sin echar vistazo
al cielo, a las formas hermosas
de las azoteas que en su regazo
nos guardan, a ese confín que no alcanzo
en mi mirar, donde la verdad mora.
Media vida en el suelo, media vida
de polvoriento y triste y gris asfalto
consumida como humo, sin medida,
y otra media que, sin volar, da el salto
dejando de soñar, de estar dormida,
para alzar la vista más y más alto.
Ever
3-VI-2015
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